top of page

Aquí la IA, hoy por hoy, no nos puede sustituir... datos desde la neurociencia

  • Foto del escritor: Jonathan Benito
    Jonathan Benito
  • 25 feb
  • 2 Min. de lectura

Acabas de tener un accidente de coche serio, se han producidos daños materiales importantes y hay una persona herida. Estás en shock, con taquicardia, tienes el pensamiento fragmentado y una sensación de culpa y miedo ante las consecuencias legales y económicas. Vas a llamar a tu seguro, ¿querrías que te atendiese una IA?

 

Apuesto a que no. Vas a querer hablar con una persona competente y empática, podrá estar asistida por una IA, pero tú quieres hablar con ser humano. ¿Por qué?  Porque cuando dos personas interaccionan, incluso por teléfono, sus cerebros se acoplan, es un proceso denominado sincronía intercerebral (1). No se trata de magia ni de algo esotérico, sino que es una alineación temporal entre los patrones de ondas cerebrales. Y este acoplamiento tiene unas importantísimas implicaciones neurofisiológicas. Para empezar dicho acoplamiento hace que los dos cerebros se entiendan mejor con menos esfuerzo (2). A mejor comprensión, menor incertidumbre, menor actividad de los complejos amigdalinos y por tanto mayor sensación de seguridad.

 

¿Puede conseguir lo mismo una voz generada por una IA? No. Experimentos aún sin publicar del grupo de Sascha Frühholz, de la Universidad de Oslo, demuestran que incluso aunque los sujetos no sean capaces de diferenciar si las voces son humanas o artificiales, sus cerebros sí. Y solo las voces humanas son capaces de activar áreas vinculadas con la empatía, mientras que las artificiales, activan áreas relacionadas con la alerta y la vigilancia.

 

Tampoco un ser humano mediante mensajes de texto es capaz de calmar a un cerebro estresado (3). El grupo de Seth D. Pollak, de la Universidad de Wisconsin estresó a 68 niñas (8-10 años) haciéndolas hablar en público y poniéndolas a resolver difíciles problemas de matemáticas. El cortisol de las niñas se disparó. Las dividieron en 4 grupos. A las primeras las permitieron tener contacto con sus madres, y el cortisol disminuyó. A las segundas les permitieron hablar con sus madres y el cortisol también disminuyó. Las terceras pudieron escribirse con sus madres por mensajes de texto, con palabras y giros de complicidad características de ellas; y en esta ocasión el cortisol no disminuyó nada, justo igual que en el cuarto grupo, al que no le dieron la oportunidad de tener contacto ninguno con sus madres. Es decir, por medio escrito, por muy sofisticado y empático que sea el lenguaje, NO se puede calmar a una persona de las misma manera que hablando o en persona.

 

Por tanto, necesitamos a las personas en momentos complicados, no queremos ni buzones con IA ni chatbots. En procesos rutinarios la IA puede funcionar muy bien, pero en momentos complicados necesitamos de seres humanos.

 

¿Qué opinas?

 

Referencias:

 

(1)     DOI: 10.1093/scan/nsy060 

 

 

 

 
 
 

Comentarios


  • Instagram
  • Icono negro LinkedIn

© 2026 JONATHAN BENITO

bottom of page